31 NOCHES / Ignacio Escolar

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[Suma de letras / ‘Conspicua’]

Una habitación sin ventanas, vacua y forrada de plástico hasta en el techo. Tan solo un recipiente llama nuestra atención desde el interior del recinto: un cubo de polietileno repleto de ácido sulfúrico. Perfecto, ya estamos situados; plástico y ácido. Lo cierto es que no haría falta contar mucho más. La imaginación se despierta y pronto extraemos del lado oscuro de nuestra mente un sentido macabro para dicho escenario. Pero vayamos más allá y situemos el desenlace en algún lugar de Madrid, añadamos además una buena dosis de narcotráfico, extorsión, asesinato y periodismo, y ya tenemos los cimientos necesarios para construir una buena novela negra. Pues bien, sirviéndose de estos ingredientes y haciendo gala de su indiscutible talento, Ignacio Escolar (Burgos, 1975) pretende —y, en mi opinión, consigue— encandilar al lector con su debut literario: 31 noches (abril de 2012).

Pero antes de comentar esta obra, es necesario presentar debidamente al autor. Ignacio Escolar es periodista, y de los buenos. Vale, ya está, con eso debería bastar. Pero no. ¿Qué pasa con este gremio que sus currículums son siempre interminables? Cadenas de radio, de televisión, prensa escrita, blogs; ¿acaso nunca duermen, o es que son inquietos por naturaleza y por eso van dando saltos de un medio a otro? Ni idea. Puede que su profesión esté mal pagada y el pluriempleo sea necesario, o quizá sufran una severa adicción al trabajo; la verdad, lo ignoro, aunque me inclino a pensar que se trate de esto último. El caso es que Escolar, con tan solo 37 años, ha fundado periódicos y los ha visto caer, ha currado —y curra— en varios medios de comunicación nacionales y en algunos internacionales y es uno de los blogeros de corte político más seguido en nuestro país. Lo que aún desconozco de Escolar es si forma parte de alguna de las tres categorías que el protagonista de su novela cita con resignación al referirse a una fracción muy concreta de su colectivo: “dipsómanos, depresivos y divorciados”. Seguro que no.

Pues bien, como era de esperar, el protagonista de 31 noches es periodista —de tal palo tal astilla—. Un periodista imprudente, preguntón y bastante crápula; uno de esos que prácticamente vive de noche por culpa del horario de ‘cierre’ del periódico en el que trabaja. Un tipo que parece estar empeñado en conquistar las tres categorías antes mencionadas a base frecuentar la sala Premium, una discoteca cercana a la redacción donde la fauna variada y el horario dilatado albergan posibilidades infinitas para un reportero ambicioso en busca de carnaza. Sus amistades en el garito: poco aconsejables. Alek Kowalski, encargado de la seguridad de la sala, polaco grandullón y afable, aunque explosivo cuando se trata de repartir guantazos; Velasco, policía corrupto con malas pulgas, irreverente, desaliñado y poco de fiar; y, por supuesto, Vicky, la camarera buenorra de la barra del fondo. Todos ellos tendrán un papel esencial en la trama y contribuirán a colocar al protagonista en una situación realmente desesperada. En apenas 31 noches vivirá un auténtico calvario, rodeado de mexicanos repartiendo leña, narcos colombianos cobrándose deudas y poniendo a prueba lealtades; tiroteos, desapariciones, traiciones y envolventes. Una explosión de acontecimientos que obligarán al protagonista a convertirse en infiltrado y terminarán por arrastrarle hasta esa habitación forrada de plástico que solo contiene un cubo de ácido sulfúrico.

Escolar aprovecha su novela para recrear una ficción que bien podría encabezar la sección de sucesos en cualquier diario local. Se sirve de su experiencia para hilvanar una trapisonda de carácter ‘noir’ bastante creíble y muy bien estructurada, en la que los personajes no solo son lo que parecen, sino que además tienen vida propia. Puedes ver venir sus golpes, sus deslealtades, sus arrebatos y sus temores. Con esto no pretendo desmerecer el argumento ni tildarlo de predecible. Al contrario, Escolar sorprende por su capacidad para enganchar al lector. Su estilo es rápido y directo, no abusa de las descripciones y utiliza los diálogos para crear una trama visual, casi cinematográfica. En definitiva, nos presenta una primera novela más que notable, plagada, además, de guiños y alusiones a sus compañeros de profesión. Un gran comienzo para un buen escritor, sin duda.

Vale, es necesario; me niego a terminar esta reseña sin mencionar, una vez más, a mi querida Feria del libro de Valencia, que como muchos ya sabéis abrió ayer sus puertas en su 43 edición. Ignacio Escolar vendrá, sí señor. Estará firmando su novela el próximo martes, 1 de mayo, en la caseta de la organización. Por supuesto, yo llevaré mi ejemplar ese día y le pediré a Escolar que estampe su firma en él.

 

Toni Soler, viernes 27 de abril de 2012

Twitter: @tonelo1000


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