LA FÁBRICA DE ANIMALES / Edward Bunker

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[Sajalín Editores / Colección “al margen”]

Tras pasar toda la semana tratando de encontrarle algo de miga a alguna de las dos novelas que había escogido para la reseña de este viernes —una de ellas, un éxito comercial del momento, y la otra, la desafortunada última elección de un apreciado club de lectura—, me veo obligado a desterrar ambos libros a lo más hondo de un cajón y buscar otra alternativa de mayor calado. Porque no siempre una portada sugerente o un nombre conocido se confirman como una buena lectura. Ni mucho menos.

En fin, no hay problema, olvido ya mismo la decepción por mis dos últimas adquisiciones —que sea otro quien se encargue de maldecir su suerte— y aprovecho el momento para recurrir, una vez más, a la fabulosa colección “al margen” de Sajalín Editores. Convencido de que todos sus títulos son meritorios de una buena reseña, hago una inspección rápida por mi librería, encuentro los lomos con el sello del cetáceo y me decanto por el gran Edward Bunker (Los Ángeles, 1933-Burbank, 2005) y su magistral novela carcelaria, La fábrica de animales (1977).

Pero antes de entrar en materia, es necesario presentar al autor como se merece y explicar por qué es considerado por muchos como un auténtico escritor de culto. No son pocos los halagos que se han escrito sobre Bunker desde que Sajalín Editores comenzase a publicar en 2009 lo mejor de su obra, prácticamente inédita hasta entonces en España. Muchos ya habíamos visto el careto desgastado de Bunker, gracias a su fugaz aparición en Reservoir Dogs —clásico imprescindible de Tarantino—, pero muy pocos éramos capaces de ponerle un nombre distinto al ‘Señor Azul’. Además, semejantes credenciales nos instaban a indagar un poco más sobre la vida y milagros de este personaje, y así fue como alucinamos al descubrir la realidad más escabrosa de su trayectoria: delincuente prolífico y precoz; atracador de bancos, falsificador, camello, presidiario y, finalmente, ex convicto, guionista y escritor.

Bunker fue el condenado más joven en ingresar en el penal de San Quintín en los años cincuenta, pasó media vida entrando y saliendo del talego y llegó incluso a posicionarse entre los diez fugitivos más buscados por el FBI. Su afición por la lectura, las interminables horas encerrado en su celda y un talento especial para plasmar sobre el papel cuanto acontecía a su alrededor, le brindaron una última oportunidad para redimirse y redirigir su vida por el camino correcto.

Escribió cinco novelas de ficción, un libro de memorias, un par de guiones —con uno de ellos, El tren del infierno (1985), obtuvo incluso una candidatura para los Oscar—; asesoró a directores de cine del calibre de Michael Mann y participó como actor en más de una veintena de películas. ¿Y por qué? Pues porque no existe nadie mejor que un criminal para contar historias de criminales. Su estilo es tan real, directo, sobrecogedor y descarnado que es imposible distinguir entre ficción y realidad en cualquiera de sus obras.

La fábrica de animales es quizá la mejor muestra de ello. Con esta novela, Bunker nos presenta sin tapujos la realidad más deshumanizada del penal de San Quintín de la época, donde los conflictos raciales y las peleas entre bandas están a la orden del día, y donde un encargo de asesinato apenas se costea con veinte cartones de tabaco. Este lugar posee sus propias reglas no escritas, que son inquebrantables. Los mismos presos las establecen, las guardan y, por supuesto, se encargan de repartir ‘justicia’ si algún desdichado se las salta. No hay concesiones en San Quintín; si la jodes, no lo cuentas.

Pues bien, en esta inhóspita institución es donde recluyen a Ron Decker —protagonista de la novela e impronta autobiográfica de Bunker—. Condenado por posesión y tráfico de marihuana, Ron reúne todas las papeletas para convertirse en carne de cañón en cuanto ponga los pies en el penal: es joven, de buena familia, atractivo y, además, se enfrenta a su primera condena; funesta combinación para un novato. Pero tiene suerte. Cuando apenas lleva tres semanas interno, conoce a Earl Coppen, un veterano carismático, duro y muy respetado en la jerarquía de los presos, que se convierte en su protector y con el que entabla una profunda amistad. Coppen encuentra en Ron una válvula de escape, alguien con quien hablar sobre libros, midiendo el lenguaje y dejando de lado las conversaciones en jerga carcelaria. Y así, aprovechándose de esta nueva compañía, Ron aprenderá rápido a manejarse por la prisión y se verá envuelto en un sinfín de situaciones difíciles que acabarán haciendo de él un animal más de la fábrica.

Bunker se sirve de esta novela para criticar duramente el sistema penitenciario de la época y nos presenta a través de sus personajes un submundo de depravación y barbarie, en el que el único objetivo de los reclusos es sobrevivir mientras dure la condena, soñar con la libertad condicional y, si no queda más remedio, jugársela en algún intento de fuga. Esta es la visión de este mítico autor, que pasó por allí y logró sobrevivir para contarlo.

 

Toni Soler, viernes 20 de abril de 2012

Twitter: @tonelo1000

 

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