OSTRAS PARA DIMITRI / Juan Bas

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[Ediciones B]

‘La trilogía del exceso’, así es precisamente como la llama Juan Bas, el padre de la criatura. Y claro, a mí esa coletilla se me antojaba muy sugerente. Además, me llegó la recomendación a través de ese librero que nunca falla, así que, sin pensármelo dos veces, engullí —nunca mejor dicho— las tres novelas. Y sí, entre sus líneas encontré lo que buscaba: el exceso prometido. Lo cierto es que cualquier otro apelativo de esta guisa me hubiese parecido igual de tentador, aunque nunca tan acertado a la hora de describir esta fabulosa trilogía: Alacranes en su tinta (2002), Voracidad (2006) y la última entrega —en mi opinión, la mejor de las tres—, Ostras para Dimitri (febrero de 2012), todas ellas apuestas meritorias de Ediciones B.

Exceso, sí señor, un envoltorio con el que el escritor y guionista bilbaíno nos anuncia el telón de fondo que vamos a encontrar al sumergirnos en la lectura de cualquiera de sus tres novelas. Con un estilo irónico y mordaz, rayando a veces lo esperpéntico, y un humor ácido e inteligente, Juan Bas da rienda suelta a su imaginación para crear una cuadrilla de personajes absolutamente imposibles de olvidar. Y, por supuesto, como no podía ser de otra manera, el protagonista principal se lleva la palma. ¡Vaya animalito, este Pacho Murga! Un señorito bilbaíno de buena cuna, muy —pero que muy— venido a menos, haragán, pijo y amoral, seguidor acérrimo de los cómics de Tintín y amante por derecho, nacimiento y debilidad de la buena y elaborada cocina de autor del País Vasco.

Pues bien, esta suerte de antihéroe, desgraciado por meritos propios y con una capacidad innata para entablar amistad con los personajes más insólitos y desmedidos y que, además, siempre esconden algún oscuro y macabro episodio de su pasado, es el hilo conductor a través del cual el autor nos presenta su particular retrato de España. La sátira, siempre presente entre las líneas de Bas, incluso cuando introduce temas relacionados con el franquismo, la banda terrorista ETA o los nacionalistas vascos, acompaña al lector mientras se sumerge en la ficción más inaudita, poniéndole en situaciones imposibles que bien podrían encogerte el estomago de pura angustia o bien desfigurarte el rostro al no poder controlar las carcajadas.

Pero centrémonos ahora en la última entrega de la saga, Ostras para Dimitri. Vale, no os preocupéis, las tres novelas son perfectamente legibles por separado, aunque mi consejo será siempre comenzar por la primera, Alacranes en su tinta, la cual, además, con su primera publicación tuvo un notable éxito de crítica y de ventas en 2002.

Pues bien, Pacho Murga inicia ésta, su tercera aventura, entre las rejas de la prisión de Salto del Negro en Gran Canaria —de cómo llega a esta situación es mejor no hablar; ya lo leeréis—. Apenas le quedan cuatro meses para salir y la casualidad hace que se cruce su suerte —mala o buena, no sabría decir— con Dimitri Urroz, un temible mafioso mezcla explosiva de sangre navarra y moscovita que acaba de ser encarcelado en el recinto. El caso es que debido a un fortuito episodio ocurrido en las duchas, Pacho le salva la vida a este jefe del hampa, lo cual le convierte en el acto en su protegido dentro de la cárcel. Por supuesto, Dimitri no tarda mucho en lograr que le suelten, aunque su fugaz paso por Salto del Negro ya le ha unido a Pacho más allá de las rejas del penal. Así pues, el mismo día en el que el protagonista  paga su culpa y es puesto en libertad, da comienzo para él una nueva condena, pero esta vez como talismán inseparable del mafioso ruso.

Desde Gran Canaria hasta la zona rural más escondida del norte de Navarra, pasando por Berlín, París, Madrid y el Moscú más excesivo, la extraña pareja, siempre escoltada por un par de guardaespaldas ex etarras y por el primo Iván, lugarteniente de Dimitri, irán atiborrándose de ostras, dry martinis y Dom Pérignon por los distintos restaurantes que el mafioso posee en estas ciudades. Pacho se pegará la gran vida, rodeado de prostitutas de lujo y sin límites económicos, eso sí, a costa de convertirse en la ‘mascota’ del ruso y de soportar con estoicismo la afición de éste a gastar bromas pesadas —auténticas putadas, diría yo—. Y así, entre excesos, excesos y más excesos, se irá desvelando una trama sórdida, en la que la culpa y la traición acabarán por provocar una terrible venganza.

Juan Bas mezcla con maestría el esperpento picaresco con la tragedia más escabrosa y lo adereza, además, con los mejores matices de la novela negra. Crea una lectura fascinante, en la que es inevitable que su estilo ágil, irónico y mordaz nos recuerde en algunos momentos a los grandes autores nacionales del género. De hecho, no nos chocaría en absoluto encontrarnos pululando por la trama de estas novelas a personajes similares al detective chiflado —Ceferino para algunos— de Eduardo Mendoza, o incluso al mismísimo Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán. En fin, Juan Bas, para mí ya uno más de los grandes.

 

Toni Soler, viernes 13 de abril de 2012

Twitter: @tonelo1000

 

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