SATORI / Don Winslow

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[Roca Editorial]

Apenas consigo rescatar de mi memoria algunos detalles de la ficción que Trevanian relataba en su muy aclamado best seller, Shibumi. Es más, ni siquiera conservo el ejemplar que hace ya veinte años un compañero de instituto me regaló alegando que se trataba de una obra maestra del género de espías y que, por tanto, como era un verdadero libro de culto no debía permanecer más tiempo sin leerlo. Pues bien, eso es precisamente lo que hice, devorarlo de una sola sentada. Por supuesto, Shibumi me encantó y hasta hoy he conservado un buen recuerdo de aquella novela, aunque no me vea ahora capaz de articular una sinopsis completa de la trama. Es curioso, de aquel chaval que me regaló el libro tampoco guardo muchos recuerdos —ni siquiera consigo acordarme de su nombre— y probablemente lo hubiese borrado por completo de mi mente de no ser por el extraordinario regalo que me hizo. Cosas que tienen los libros.

Morriñas aparte, la novela de Trevanian lo que sí logró fue grabarme en el disco duro la esencia del protagonista de la historia, Nicholai Hel, un asesino letal que vende sus servicios a diversas causas y gobiernos, y que vive en una constante búsqueda del satori, o lo que es lo mismo, del despertar súbito, de la comprensión de la vida tal y como es y de su armonía con el universo —¡¡toma ya!!—. En fin, tintes filosóficos, cultura asiática y pasión por la perfección son las premisas más relevantes que tiran de este personaje. Hel es experto en rebuscadas artes marciales y, además, domina con fluidez diferentes idiomas. Hijo de una prostituta rusa de alta cuna y un alemán desconocido se cría en Shangai, aunque pronto queda huérfano y es enviado a una remota aldea de Japón para ser instruido por un gran maestro del go. Resumiendo, el protagonista de Shibumi es uno de esos asesinos hieráticos, imparables y enigmáticos que únicamente se presta para liquidar a los malos. Un doble cero independiente en toda regla.

Pues bien, este individuo es el elegido por Don Winslow para hilvanar su última novela. Aprovechando un hueco en la obra de Trevanian se atreve a crear una precuela donde trata de situarnos en el momento en el que el joven Nicholai inicia su andadura como espía y asesino a sueldo. En los años 50, con la guerra de Corea en pleno apogeo, donde las luchas de poder entre americanos y soviéticos provocan la guerra fría y mientras franceses y vietnamitas luchan por el control de Indochina, Hel es obligado por la CIA a cumplir su primera misión: asesinar a un importante delegado de la Unión Soviética en la China comunista de Mao.

La novela está estructura en tres partes muy bien diferenciadas. La primera de ellas nos recuerda al personaje de Trevanian y básicamente se limita a crear la que será su tapadera una vez viaje a Pekín para cumplir su misión. Hel deberá meterse en la piel de un traficante de armas francés y para ello necesitará la instrucción y buenos consejos de Solange, una belleza francesa que trabaja esporádicamente para la CIA. Y ya tenemos a la chica, elemento fundamental en todas las novelas de Winslow.

La segunda parte es quizá la más trepidante y absorbente de las tres. El protagonista llega a China y pronto comienza el muy esperado despliegue de estrategias, sospechas, conspiraciones e intrigas típicas del género. Rusos, americanos, franceses, ingleses, chinos, vietnamitas, todos parecen aliarse con todos y al mismo tiempo todos conspiran contra todos. Pues eso, la guerra fría en estado puro.

Con rigor y minuciosidad el autor maquina la trama, recreando hasta aquí un sensacional thriller del que es imposible desengancharse. Pero, sorprendentemente, después llegan doscientas y pico páginas en las que la fluidez cambia de rumbo. Winslow podría haber dado por finalizada la novela con el segundo acto y, sin embargo, se embarca en una tercera parte mucho más aburrida y enrevesada, en la que intervienen demasiados personajes y que llega a resultar a veces un poco tediosa. Aun así, todavía encontraremos muchos detalles de la genialidad de Winslow en esta última fase de la historia, como por ejemplo, un excepcional pasaje en el que Hel se enfrenta contra el mismísimo Bao Dai, último emperador de Vietnam, en una inquietante partida de póquer donde el protagonista se jugará algo más que un buen montón de piastras.

Es inevitable decir que Satori no se convertirá en una de las obras favoritas de los incondicionales de Winslow —facción en la cual yo me incluyo sin dudarlo—. En esta entrega no aparece ni de lejos el estilo crudo, potente y real de su obra maestra, El poder del perro, ni mucho menos el oscuro y a veces depravado sentido del humor de Salvajes. Con todo, lo cierto es que resultaría chocante que una novela basada en el personaje de Trevanian fuese distinta de la que Winslow nos presenta. Por tanto, no nos queda más remedio que reconocer, una vez más, el talento de este autor y admirar su capacidad para amoldarse a un estilo que dista mucho del que siempre ha utilizado para encandilar a sus lectores.

Por si quedara alguna duda respecto al valor de Satori cabe mencionar que la maquinaria hollywoodiense ya ha cerrado los acuerdos necesarios para llevar la historia a la gran pantalla. Leonardo Di Caprio no sólo interpretará a Nicholai Hel en su adaptación, sino que además se involucrará también como productor en la película. Mucha suerte.

 

Toni Soler, viernes 6 de abril de 2012

Twitter: @tonelo1000

 

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