UNA MUJER ENDEMONIADA / Jim Thompson

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[RBA ‘Serie Negra’]

Jim Thompson (Oklahoma, 1906-California, 1977) no es el típico escritor de novelas detectivescas de los años 40. Es cierto que su prolífica trayectoria literaria arranca en pleno apogeo del género negro y, por tanto, muchos se empeñan en catalogarlo junto a otros maestros de la época como Chandler, Hammett o Macdonald. Pero lo cierto es que sus novelas nada tienen que ver con las de estos autores. Puestos a comparar a Jim Thompson con algún otro genio del pulp original, yo me decantaría por James M. Cain, autor de la magistral novela El cartero siempre llama dos veces (1934). Ojo, con esto no pretendo desterrar a Thompson —ni mucho menos a Cain— de ese selecto club de precursores de la novela negra. Nada más lejos de mi intención. Lo que trato de explicar es que su estilo y enfoque rompen con todos los cánones establecidos desde que Edgar Allan Poe creara a ese excepcional personaje llamado Auguste Dupin cien años atrás.

¿Y por qué diferenciar a este escritor del resto de clásicos del género? La explicación es muy sencilla: en las novelas de Thompson no existe ningún crimen que resolver ni tampoco un protagonista moralmente correcto en busca de la verdad. No hay detectives privados curtidos en mil batallas; duros, perspicaces y temerarios, ni misterios que vayan más allá de la propia naturaleza decadente y desnortada de sus personajes. Este autor retrata asesinos; psicópatas que no son nunca lo que parecen. El crimen, la violencia y el delirio se presentan en la trama como una consecuencia más del contexto social, opresivo y marginal, por el que circulan sus protagonistas; en su gran mayoría individuos despreciables, dipsómanos y machistas, víctimas de su propio ego, de su naturaleza obsesiva y de la delirante realidad que les envuelve. Si a todo ello le sumamos, además, la narración en primera persona que Jim Thompson utiliza para darles vida, es inevitable que el lector se vea atrapado por un estado de angustia, odio y transgresión del que es imposible desprenderse hasta bien terminada la lectura. Conclusión: la obra de este autor, o verdaderamente te entusiasma —este es, sin lugar a dudas, mi caso—, o bien te abruma de tal forma que no puedes pasar de las primeras páginas.

En fin, lo dicho, como buen adicto al género a mí sí me apasionan las novelas de Thompson. Admiro su estilo duro y descarnado, me estremezco con la crueldad de sus argumentos y agradezco enormemente la brevedad e intensidad de sus relatos. Vamos, que desde que RBA decidió incorporarle a su fabulosa ‘Serie Negra’, no he dejado de leer, una tras otra, todas las novelas de Thompson que la editorial ha venido reeditando desde 2010; empezando por la que fuera su última ficción, Hijo de la ira (1972), y siguiendo por sus obras más conocidas: 1280 almas (1964), El asesino dentro de mí (1952), La huida (1959) y Los timadores (1963), todas ellas llevadas a la gran pantalla en su momento con mayor o menor acierto.

Una mujer endemoniada (1954), publicada el pasado mes de marzo también por RBA, ha sido mi última lectura de Thompson, y aunque en los últimos 15 días la misma editorial ha colocado en las librerías dos obras más de este autor, Noche Salvaje (1953) y Un cuchillo en la mirada (1955), éstas tendrán que esperar, pues bien merece una buena reseña mi última adquisición.

Al grano entonces: Una mujer endemoniada relata las peripecias de Frank Dillon, un desgraciado y amoral personaje que tras pasar por varios empleos cicateros acaba como vendedor ambulante de unos almacenes de venta a plazos de todo tipo de productos. Frank lleva en la maleta desde cuberterías hasta medias de señora y su misión diaria consiste en andar de puerta en puerta intentando colocar alguno de sus artículos o tratando de cobrar los impagos que los clientes morosos adeudan a la empresa. El escenario por el que Dillon pasea su suerte es la Norteamérica profunda, esa en la que ya no existe la esperanza y el sueño americano se transforma en pesadilla. A Frank, después de cada jornada laboral, con bronca rutinaria del jefe incluida, le espera en casa su mujer, Joyce; una desilusionada joven que ya hace tiempo ha dejado de cumplir con sus obligaciones domésticas. En definitiva, todo un dramón en el que los arquetipos de la época se mezclan con alcohol, violencia y depresión permanente.

La trama comienza con Dillon haciendo su trabajo. Debe cobrar una deuda y con ese propósito se planta en un viejo caserón donde uno de sus clientes trabaja como jardinero. La propietaria es una anciana con malas pulgas que le informa del reciente despido del moroso y de su nueva dirección. Pero Dillon no se conforma con esa información y aprovecha la visita para tratar de colocar algún artículo de su maleta. Y aquí es precisamente donde comienza la obscena y mísera ficción que Thompson nos presenta con su novela. La vieja le echa el ojo a una cubertería y como pago de la misma ofrece a cambio una sesión completa de sexo con su sobrinita Mona; una joven inocente y desvalida incapaz de plantarle cara a su tía. Así pues, esta mezquina transacción será el comienzo de una historia sórdida, en la que el protagonista utilizará como excusa la liberación de la joven para dejarse llevar por una espiral incontrolada de violencia, codicia, asesinato y locura.

Una mujer endemoniada supone una muestra más del talento de Thompson para mostrar sin tapujos los más penosos desvanes de la condición humana. Considerada por muchos como el Crimen y castigo norteamericano, esta excepcional novela nos presenta en apenas 200 páginas todos los ingredientes necesarios para calificarla como un imprescindible del género negro. Nos encontramos, por tanto, ante otra magistral obra de Thompson, ese peculiar escritor que jamás deja al lector indiferente. Un clásico en toda regla.

 

Toni Soler, viernes 11 de mayo de 2012

Twitter: @tonelo1000

 

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