EL ENREDO DE LA BOLSA Y LA VIDA / Eduardo Mendoza

VN:F [1.9.15_1155]
Rating: 3.3/5 (3 votes cast)

 

[Seix Barral]

Recuerdo perfectamente la buena sensación que tuve, hace ya un porrón de años, al terminar esa magnífica novela de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) titulada El misterio de la cripta embrujada (1978). Era mi primera lectura del autor y su estilo hilarante, irónico y mordaz logró grabar en mi cabeza —adolescente por aquel entonces, pero más que predispuesta a la sátira y al humor bien trabajado— a un personaje entrañable y sin nombre que se las daba de detective, aunque en realidad no era más que un chiflado metepatas, bonachón y caradura con la estrella suficiente para resolver algún enigma sin acabar en el intento aún peor de lo que había empezado. La brevedad del relato y el buen montón de risas que solté al leerlo me instaban, por tanto, a repetir, así que pronto abordé la segunda entrega de la saga, El laberinto de las aceitunas (1984). Y buscando más de lo mismo, encontré más de lo mismo: una nueva trapisonda del susodicho detective haciendo verdaderas burradas por Madrid y Barcelona.

Pues bien, por aquel entonces esta suerte de personaje, antihéroe de fábula donde los haya, ya se había convertido en uno de los mayores activos de la narrativa burlesca de este país; por meritos propios y a tenor del estimable talento de su creador.

Pasaron los años y cuando apenas comenzaban a apreciarse los desafíos del nuevo siglo, el genio volvió a la carga con la tercera entrega de la saga: La aventura del tocador de señoras (2001). Pero ya no fue lo mismo; al menos para mí. Como suele suceder en estos casos, cuando algo te impacta sobremanera durante la adolescencia, degustarlo de nuevo cuando las responsabilidades comienzan a apretar y las entradas inician el inevitable despeje frontal, suele provocar un efecto muy diferente al de años atrás. Quizá esta novela no fuera tan buena como las dos anteriores, o tal vez mis gustos literarios simplemente habían cambiado con el tiempo; el caso es que esta vez las carcajadas brillaron por su ausencia y el exceso de sarcasmo y el absurdo de la trama estuvieron a punto de hacerme renunciar. Aun así, terminé de leer la novela y no debió dejarme un recuerdo tan deslucido cuando solo un día después del lanzamiento de El enredo de la bolsa y la vida (abril de 2012) ya tenía esta nueva entrega en mi poder y estaba deseando leerla.

En fin, huelga decir que en esta ocasión, prevenido ya por mi última lectura, no buscaba la risotada fácil; únicamente deseaba disfrutar de ese estilo irónico y quijotesco tan propio del autor. Quizá este haya sido mi mayor acierto ya que, sin esperarlo, me he reencontrado con la lectura divertida de antaño, esa en la que comienzas con una enorme sonrisa dibujada en el rostro y ahí la mantienes hasta bien terminada la novela. Incluso alguna que otra carcajada me he visto obligado a soltar en el transcurso de las insólitas peripecias de este peculiar detective.

En El enredo de la bolsa y la vida el susodicho personaje continúa regentando su antigua peluquería, eso sí, sin mucho éxito; son tiempos de crisis, los clientes escasean y las deudas con el banco no dejan de apretar. Hace ya años que abandonó el manicomio, pero un encuentro fortuito con Rómulo el Guapo, antiguo compañero del sanatorio, está a punto de cambiar su ociosa y mísera rutina. Rómulo le propone dar un golpe, pero el protagonista se niega a entrar en el enredo. Aun así, pocos días después, la inesperada visita a la peluquería de una adolescente que se hace llamar Quesito y las noticias que trae consigo supondrán el arranque de esta nueva aventura; Rómulo el Guapo ha desaparecido misteriosamente.

Obligado, una vez más, a tener que ejercer de sabueso a fin de averiguar el paradero de su antiguo compañero, el protagonista iniciará sus pesquisas ayudado por Quesito y por un elenco de personajes de lo más variopinto: el Pollo Morgan y el africano albino Kiwijuli Kakawa, estatuas vivientes de las Ramblas de Barcelona, que le harán el trabajo de vigilancia; la Moski, acordeonista callejera, que se ocupará del seguimiento; y el repartidor de pizzas Manhelik y el señor Armengol, propietario del restaurante Se vende perro, que serán los encargados de la logística y el avituallamiento. Con semejante escuadrón cubriéndole las espaldas y su peculiar manera de tirar del hilo, nuestro protagonista pronto se verá envuelto en un caso sorprendente y de magnitudes considerables, en el que un conocido terrorista internacional llamado Alí Aarón Pilila planea atentar en Barcelona contra la mismísima Angela Merkel.

Con todo, es evidente que Eduardo Mendoza vuelve a encandilar al lector con su última novela. La sátira con la que retrata el escenario actual le servirá de contrapunto para presentarnos a una surrealista y esperpéntica tropa de personajes que pululan sin rumbo fijo por una fábula simpática y con mensaje de la que es imposible desengancharse. En definitiva, un ejemplo más de la brillantez y el talento que atesora este magnífico escritor, sobre todo cuando la clave de humor es la esencia principal de sus relatos.

 

Toni Soler, viernes 1 de junio de 2012

Twitter: @tonelo1000

 

EL ENREDO DE LA BOLSA Y LA VIDA / Eduardo Mendoza, 3.3 out of 5 based on 3 ratings